PRIMARIO
     

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  ACTO DE JURA A LA BANDERA

Acto 20 de junio de 2017.
Colegio Jean Piaget.
Autoridades, Docentes, Padres, Alumnos. Querida comunidad educativa, vamos a leer unas palabras que escribieron los profesores de secundaria Hernán Bransboin y Matías Álvarez.

A principios de la década de los 80 del siglo XX comenzó a darse un debate en el seno de las ciencias sociales cuyo centro era el origen y la naturaleza de las naciones y por lo tanto del nacionalismo y las identidades nacionales. De ninguna manera nos dedicaremos hoy a desarrollar los pormenores de este interesante debate, pero quisiéramos plantear que hubo un punto en que todas las corrientes académicas más o menos serias conciliaron posiciones. Este punto es considerar a “La Nación” como una unidad política absolutamente artificial y arbitraria. “La Nación” es básicamente una unidad política – territorial que se desarrollo al calor del capitalismo. Es decir las naciones no están en la faz de la tierra desde tiempos inmemoriales, sino más bien, aparecen en la historia hace unos más o menos 100 o 200 años. En términos históricos eso es muy poco tiempo.

Uno de los elementos más caprichosos está dado por la asociación que habría entre nación e identidad. Supuestamente a una Nación X le corresponde una identidad específica, identidad compartida por todos aquellos que son incorporados en el gentilicio de la Nación X. De ello deriva que a la Nación Argentina le corresponde una identidad argentina. Esta identidad estaría vinculada con una serie de características compartidas por todos los argentinos, por ejemplo un idioma y una cultura en común, una historia compartida. Pero quizá es muy evidente que a simple vista uno puede darse cuenta de las diferencias existentes entre, por ejemplo, un jujeño y un santafecino, o un formoseño y un porteño. Sin embargo, esta idea de Nación como algo artificial también supone la noción de la Nación como una comunidad, una comunidad imaginada.

La existencia de símbolos nos recuerdan que vivimos en comunidad y más allá de cuan arbitraria es la idea de Nación, creo debemos recuperar la básica idea de la comunidad. A partir de ello, los símbolos, como la bandera, cobran un sentido distinto. No un sentido xenófobo y fanático, sino el de recuperar el significado colectivo de esta unidad política y territorial.

Esta idea de recuperar a la comunidad debería hacernos reflexionar sobre el lugar del “otro” en nuestra vida, el otro que comparte con nosotros esta tierra. Si prometer a la bandera implica pensarnos como seres en comunidad y a partir de ello tener un comportamiento para solidario y comprometido con los demás, si eso es así, vale la pena este acto.

A quienes hoy juran la bandera, y a quienes oficiamos de testigos de este acto, quisiéramos transmitirles que el de hoy es un ritual de nuestra comunidad, ritual del cual alguna vez hemos participado y que cada generación se incorpora año tras año. Todo ritual supone una trasformación, en este caso la pregunta que queremos proponer es: ¿Qué significa jurar o prometer la bandera? ¿Qué significa este ritual que año a año volvemos a realizar?

Significa entrar, incorporarnos, comprometernos un poco más como miembros de una comunidad, comprometernos con los otros con los cuales compartimos un tiempo y un espacio. Significa ser parte. Y ser parte no significa perder por eso nuestra autonomía, ni nuestra libertad personal, sino más bien, se trata de sumar nuestra capacidad de pensar y hacer a la comunidad. Aunque a veces no estemos de acuerdo con sus decisiones, aunque la historia nos divida y las grietas no se subsanen, significa poder ser uno mismo en comunidad.

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